Physis

Mutando

La Paz, Bolivia

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Physis

Mutando

(2018)

por: Fernando Vásquez Rivadeneira

28.May.2018

El álbum Physis del dúo boliviano “Mutando” es una agradable simbiosis entre sintetizadores reverberantes de acertado tamaño, y una ya posicionada bandera musical sudamericana que combina los sonidos selváticos con los sonidos de la montaña. Es un trabajo que busca demostrar un aparente sincretismo entre la música electrónica y los instrumentos acústicos tradicionales, sin dejar al final una firme estampa que reconecta la música ancestral con el manejo prolijo de la tecnología.

 

Una intro con estructuras rítmicas compatibles con el código genético musical de toda América Latina revela, como antesala, lo que se puede esperar en el resto del disco. Y sucede, lo interesante es que no se ejecuta de manera obvia, sino delicada, progresiva. Existe sin duda el objetivo de hacer bailar al oyente, los tempos rápidos y las cadenciosas subdivisiones motivan a emparejar el movimiento del cuerpo con los beats que finalizan con sorprendente desenfreno. De todas maneras, también es posible escucharlo en casa, en el auto, en una reunión social, pues el manejo tímbrico evita la estridencia a pesar de sus rápidas subidas al climax.

 

 

 

El evidente experimento de Mutando se cuela merecidamente en esta escena ya no tan novedosa de música étnica electrónica que es tan aclamada en Europa y en mercados musicales industriosos.

 

Probablemente lo más destacado es la variedad de timbres sintéticos que componen este álbum, más allá incluso del concepto; que no deja de ser conciso a pesar de camuflar su título en idioma griego: “Physis” (naturaleza). En una época en donde ya no queda mucho para experimentar con el ritmo, armonía, y melodía, es acertado elegir al timbre como el elemento de la música idóneo para proponer un mensaje fuerte. Mutando consigue eso con Physis; los sonidos presentes son tímbricamente modernos y futuristas al mismo tiempo, sin perder la post contemporaneidad en su discurso. Algo que quizás incluso se convierte en un desafío para ellos mismos cuando regresan a los instrumentos tradicionales como las guitarras eléctricas, instrumentos de vientos y congas, pues no quedan a la misma altura de sus pares sintéticos. No así en cambio las percusiones menores y los hi-hats, tanto electrónicos como acústicos, que se mimetizan perfectamente en el ambiente y en la complejidad de sus beats y que dan el sello a este trabajo.

 

Me encantaría ver en directo a este dúo detrás de una estación analógica completa, pues es tan avanzada la cantidad de texturas y espacios generados en su música que el uso de los ordenadores es evidente. Y no lo juzgo, hoy por hoy es el instrumento digital por excelencia, sin embargo, la combinación de destreza física con la destreza imaginativa seguirá definiendo el estándar de la genialidad artística. En todo caso, a pesar de no ignorar del todo lo que pasa en Bolivia con la música, ya son muchos años que no escuchaba algo hecho en nuestro vecino país que me conmueva y lo ponga en mi mapa de vuelta. En todo el mundo se cuecen habas dice el popular dicho, y queda demostrado con este disco que Bolivia tiene un gran exponente no sólo en el género sino en la maestría con la que se aproximan a la tecnología de manera desinhibida, arriesgada y consistente.